Experiencia al servicio de los sentidos
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Fernando Pérez Arellano ha viajado por toda Europa acumulando una experiencia que ahora pone a funcionar en los fogones de “Zaranda”. Anteriormente ubicado en la Plaza de España, las incomodidades de ese local han hecho necesario un traslado más que acertado a la calle Eduardo Dato. Cuando uno tiene una estrella Michelín el volumen de comensales crece exponencialmente, por lo que hay que ofrecer un especio con unos mínimos para poder atender a todo el que demanda comer en tu casa. Fiel a los productos de temporada, Pérez Arellano remata la paloma torcaz y una liebre con alubias de Tolosa y griottines con suma maestría, aunque también merecen una mención en estas humildes líneas las ancas de rana con mollejas de cordero. Sublime. Sin duda la profesionalidad de la cocina es el punto fuerte de Zaranda, aunque asuntos como la decoración o un servicio más que atento le van a la zaga. Todo ello conforma un producto muy recomendable para los que se puedan gastar los 80 euros de media que cuesta disfrutar la experiencia que supone comer en este restaurante.
