Todavía quedan sitios donde dan de comer
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A mí particularmente me supera el asunto de las modernidades en la cocina. Yo, que soy de pueblo, busco en un restaurante básicamente que me den bien de comer, y últimamente se imponen unas modas en la que parece que se busca a conciencia que el cliente salga con hambre. Y con la cartera pelada. Los sitios en los que se da bien de comer, pero comer con mayúsculas, deberían estar protegidos por el Ministerio que corresponda para evitar su extinción a manos del pijerío y las modas absurdas. Este sitio de Parla, Linares, es uno de los que debería encabezar la lista de negocios a proteger y promocionar. Nada más llegar podemos echar un buen vistazo a las credenciales que nos presentan para avalar su cocina. Un género bien presentado, en crudo, que podemos observar a través de una vitrina para que vayamos pensando en lo que nos llevaremos a la boca. Pescados, carnes… todo con una pinta de fresco que parece recién pescado o matado. Y puede que sea así. Si llegan en el día adecuado es probable que puedan probar la ensaladilla rusa, de cuya cata me considero un experto y que aconsejo probar aquí. Los platos de cuchara cambian a diario y son otro de los puntos fuertes de Linares, además de unos segundos espectaculares entre los que destacan las cocochas, otro de mis platos preferidos. Vinos de sobra para elegir y una carta más que poblada completan el escaparate de un restaurante abierto hace más de 30 años que regentan Carmen Lorrio y su marido, Fermín Baeza.
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